VAMOS POR EL QUESO NUEVO
- YZA ZAVALETA
- 23 sept 2021
- 3 Min. de lectura
Cuando mayor era la claridad con la que veía su propia imagen descubriendo y disfrutando del Queso Nuevo, tanto más se imaginaba a sí mismo en el acto de abandonar el depósito de Queso Q.
¡Vámonos! –exclamó entonces, de repente. -No –se apresuró a responder Hem–. Me gusta estar aquí. Es un sitio cómodo. Esto es lo que conozco. Además, salir por ahí fuera es peligroso.
-No, no lo es –le replicó Haw-. En otras ocasiones anteriores ya hemos recorrido muchas partes del laberinto y podemos hacerlo de nuevo.
-Empiezo a sentirme demasiado viejo para eso –dijo Hem-. Y creo que no me interesa la perspectiva de perderme y hacer el ridículo. ¿Acaso a ti te interesa eso? Y, con ello, Haw volvió a experimentar el temor al fracaso y se desvaneció su #esperanza de encontrar Queso Nuevo.
Así que los liliputienses siguieron haciendo cada día lo mismo que habían hecho hasta entonces. Acudían al depósito de Queso Q, no encontraban Queso alguno y regresaban a casa, cargados únicamente con sus preocupaciones y frustraciones. Intentaron negar lo que estaba ocurriendo, pero cada noche les resultaba más difícil dormir, y al día siguiente les quedaba menos energía y se sentían más irritables. Sus hogares ya no eran los lugares acogedores y reconfortantes que habían sido en otros tiempos. Los liliputienses tenían dificultades para dormir y sufrían pesadillas por no encontrar ningún Queso.

Pero Hem y Haw seguían regresando cada día al depósito de Queso Q, donde se limitaban a esperar.
¿Sabes? –dijo un día Hem-, si nos esforzásemos un poco más quizá descubriríamos que las cosas no han cambiado tanto. Probablemente, el Queso está cerca. Es posible que lo escondieran detrás de la pared.
Al día siguiente, Hem y Haw regresaron provistos de herramientas. Hem sostenía el cincel que Haw golpeaba con el martillo, hasta que, tras no poco esfuerzo, lograron abrir un agujero en la pared del depósito de Queso Q. Se asomaron al otro lado, pero no encontraron Queso alguno. Se sintieron decepcionados, pero convencidos de poder solucionar el problema. Así que, a partir de entonces, empezaron a trabajar más pronto y más duro y se quedaron hasta más tarde. Pero, al cabo de un tiempo, lo único que habían conseguido era hacer un gran agujero en la pared.
Haw empezaba a comprender la diferencia entre #actividad y #productividad. -Quizá debamos limitarnos a permanecer sentados aquí y ver qué sucede –sugirió Hem-. Tarde o temprano tendrán que devolver el Queso a su sitio.
Haw deseaba creerlo así, de modo que cada día regresaba a casa para descansar y luego volvía de mala gana al depósito de Queso Q, en compañía de Hem. Pero el Queso no reapareció nunca.
A estas alturas, los liliputienses ya comenzaban a sentirse débiles a causa del hambre y el estrés. Haw estaba cansado de esperar, pues su situación no mejoraba lo más mínimo. Empezó a comprender que, cuanto más tiempo permanecieran sin Queso, tanto más difícil sería la situación para ellos.
Haw sabía muy bien que estaban perdiendo su ventaja. Finalmente, un buen día, Haw se echó a reír de sí mismo.
-Fíjate. Seguimos haciendo lo mismo de siempre, una y otra vez, y encima nos preguntamos por qué no mejoran las cosas. Si esto no fuera tan ridículo, hasta resultaría divertido.
A Haw no le gustaba la idea de tener que lanzarse de nuevo a explorar el laberinto, porque sabía que se perdería y no tenía ni la menor idea de dónde podría encontrar Queso. Pero no pudo evitar reírse de su estupidez, al comprender lo que le estaba haciendo su temor.
- ¿Dónde dejamos las zapatillas de correr? –le preguntó a Hem.
Tardaron bastante en encontrarlas, porque cuando habían encontrado Queso en el depósito de Queso Q, las habían arrinconado en cualquier parte creyendo que ya no volverían a necesitarlas.
Cuando Hem vio a su amigo calzándose las zapatillas, le preguntó:
-No pensarás en serio en volver a internarte en ese laberinto, ¿verdad? ¿Por qué no te limitas a esperar aquí conmigo hasta que nos devuelvan el Queso?
-Veo que no entiendes nada –contestó Haw-. Yo tampoco quise verlo así, pero ahora me doy cuenta de que nadie nos va a devolver el Queso de ayer. Ya es hora de encontrar Queso Nuevo.
Y tú, ¿continuarás haciendo lo mismo de siempre y esperarás que las cosas mejoren, o vas a ir por el Queso Nuevo?
Nos vemos muy pronto.
Gracias, Gracias, Gracias.
Fuente:
¿Quién se ha Llevado mi Queso? Como Adaptarnos a un Mundo en constante cambio (SPENCER JOHNSON, M.D.)
Buenísimo. Gracias.